El plan A fracassó porque no encontramos el hostel ni a nadie del pueblo que nos ayudara.
Pasamos al plan B: hacer 15km mas (ya vamos en 45), hasta el siguiente pueblo. Seguro que encontramos donde quedarnos. El plan B también fracasó. Era domingo, la oficina de turismo estaba cerrada (para indicarnos donde estaba el hotel), el pueblo no nos convenció y lo cierto es que el camino nos estaba gustando tanto que no queríamos parar. Creo que ese día batimos el récord de decir "qué bonito" por minuto. El paisaje era espectacular, siempre por caminos llanos y muy buen ambiente (en ese tramos había muchísimas familias haciendo la ruta con hijos pequeños y hasta con bebés).
Y fue ahí cuando desarrollamos el PLAN C: pedalear 20km más hasta el próximo camping.
- Pero cómo está tu pie? - preguntó Millán
- Hinchado, pero bien - contesté - El camino es llano y no lo estoy usando para pedalear.
Nos pareció en ese momento una buena decisión. Y todo iba bien hasta que (os avisé que siempre había uno) empezaron las cuestas. Y yo solo con un pie. A quien se le ocurre? Insulté en todos los idiomas que conocía mientras mi pierna sana (la izquierda) soltaba humo.
Cuando llegamos al camping (75km después!) mi tobillo estaba deformado.
Me fui a duchar y cuando volví vi que todo estaba mojado.
"Acaba de caer una tromba de agua!", me avisó Millán. Le di el relevo y me quedé en la tienda. De repente PRUMRIRUMBUM! Lluvia, trueno, rayos, una tempestad en toda regla.
Qué más nos podía pasar?
Los truenos duraron una hora y hubo momentos en los que tuve miedo: aguantará nuestra tienda?
Nuestro hogar portátil aguantó esa y otra más: la que cayó por la noche. Fue una tempestad tan larga y ruidosa que Millán hasta se puso los tapones de oído para poder dormir.
Pero ahí os va un spoiler: al día siguiente volvió el sol y los 35 grados. (Y mi tobillo sigue vivo)
LO MEJOR
El paisaje, sin duda. Yo llegué a gritar, a lo peliculero: "esto es el paraíso!"
LO PEOR
Subir cuestas con un esguince en el tobillo y solo teniendo el pie izquierdo operativo.
Despertarse por la mañana con todo empapado: bicis, tienda, zapatos... Todo menos nosotros ya que nuestra tienda pasó la prueba y no caló nada de agua.


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