Dia 11 - La separación


En el día 11 del viaje nos separamos y lo peor es que fue todo mi culpa.
Ya sabéis que en un viaje como este hay muchos ratos libres para pensar. Solemos pedalear entre 5 y 7 horas al día y eso significa que durante todo ese tiempo estamos vendidos a nuestros pensamientos. Es el viaje perfecto para tomar decisiones vitales pero también para magnificar los problemas y darle demasiadas vueltas a las cosas.
En este caso nuestra separación empezó con un inocente comentario mio: "he estado contando y estamos haciendo 30 kilometros en 2 horas", le dije, y seguí pedaleando. Un rato después (y cuando digo un rato puede haber sido perfectamente media hora) él comenta: "15 km cada hora? Pero vamos lentisimos!". "Hombre, es normal que vayamos "lentisimos", ya hemos hecho unos 600 Km y tenemos por lo menos 10 kilos de equipaje cada uno", intenté argumentar. Pero él siguió pensando y llegó el siguiente acercamiento: "Yo en el triatlon hice 20 km en menos de una hora".
Ya está. Ya estaba hecho. Él se había obsesionado con el tema.
El tiempo pasó y él siguió dándole vueltas hasta que llegó la pregunta trampa: "Oye, estamos a 20km de la próxima ciudad. Qué te parece si voy  delante lo más rápido que pueda y nos vemos allí? Así cronometro mi tiempo". Fue todo muy rápido, le dije que sí, por supuesto, y él le dió al reloj y salió pitando.
Fue nuestra separación.
Menos de un minuto después yo ya me había arrepentido. Fue todo tan rápido que no "separamos nuestros bienes". Yo me quedé con la comida y el aseo, él se llevó la ropa y la tienda, pero también mi ordenador, mi móvil y todo nuestro dinero. Vamos, que si pasara algo yo estaba vendida. 
Pero decidí aplicar el "mindfullness", aparcar esa idea y darme prisa. Tampoco quería llegar una hora después que él.
No sé en cuanto tiempo hice esos 20 kilómetros (es él quien lleva el reloj), pero diría que bati mi récord. A unos 5km del pueblo me concentré en buscar a Millán, él tendría que estar esperándome en algun cruce. Los kilómetros fueron pasando, la ciudad acercándose y ninguna señal de Millán. Yo seguía atenta, pero nada. La lógica me decía que él seguiría la indicación "centro" y eso fue lo que hice. Pero al llegar a la entrada, él no estaba. Pensé: "Capullo, seguro que se está tomando un café mientras yo estoy aquí toda preocupada". Entro en la ciudad, busco en las terrazas, nada. 
Pero dónde se habrá metido?, me pregunto. Seguro que se fue a la catedral. Nada. En el centro de información turística? Nada. Ahí me empecé a agobiar.
Claramente nos habíamos perdido.
Pero dónde estará? "Venga, Marina, intenta pensar como si fueras él", me decía. 
Salí y entré de la ciudad unas 4 veces. Seguí el camino hasta los siguientes cruces. Busqué la bici de las alforjas azules por todo el centro. Nada. Nada. Nada. 
Había pasado media hora y yo ya estaba desesperada. Decidí que necesitaba una estrategia. Y este era mi plan: primero volvería a pasar por todas las entradas de la ciudad (por si se me había escapado algo) y si no lo encontraba me sentaría en un cruce céntrico ylo esperaría. No tenía sentido que los 2 anduviesen moviéndose.
Volví para tras, y con cara de agobio me meti en una placita, ahí fue cuando de repente escucho: "Maaaa?!?"
Era Millán con una cara igual de desesperada que la mía.
"Te voy a matar - le digo - Dónde estabas?"
"Me perdi. Nada más separarme de ti giré mal en un cruce. Cuando encontré el camino otra vez vine lo más rápido que pude. Llevas mucho tiempo buscándome?"
....
En serio, casi lo mato.
Él dice que lo pasó fatal, que se acordó que tenía mi móvil, que pensó que yo también me había perdido, qué estuvo agobiadísimo.
Blablabla
....
Mi conclusión es que fuimos muy irreponsables, que tuvimos suerte y que el día nos deja una lección importante: si os vais a separar certificaros que los 2 tenéis movil y dinero. Además dejad claro desde el principio del viaje un plan de actuación. El nuestro caso desde ese día es: si nos perdemos, nos vemos en la puerta del punto de información turística del pueblo más cercano.





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