Os pongo en situación:
7 de la mañana. En la tienda solo se escucha el ruído de la lluvia y los truenos. Fuera, la temperatura había bajado unos 15 grados de golpe. Habíamos pasado de los 35 a los 20 en solo unas horas. Hacía frío. Demasiado frio para quienes solo trajeron ropa de verano. Esperamos unos minutos a que pasara y nada. Seguía diluviando. "Pues habrá que ponerse en marcha", concluimos. Hicimos el café bajo la lluvia y nos empapamos mientras deshaciamos la tienda. Cerramos las alforjas y arrancamos. Nos cruzamos con ciclistas preparados (trajes de agua, guantes, abrigos y 1001 tipo de protecciones). No era nuestro caso. Íbamos en pantalón corto (y Millán en chanclas) y lo único que teníamos para protegernos era un cutre impermeable de 2 euros de Decathlon.
Qué mal cuerpo.
Pero se suponía que tendríamos un día espectacular. De camino, ibamos a visitar una abadía construida en medio de las montañas famosa por su cerveza.
Pero yo estaba de mal humor, empapada, el camino, embarrado, tenía hambre, frio, no veía nada con la lluvia y los kilómetros no pasaban.
Llegamos a la abadía a las 10 de la mañana. Y, sorpresa, lo más chulo para hacer allí era un trekking de 5km. No!! Era lo que me faltaba ponerme a caminar bajo lluvia! Asï que sin trekking, lo que nos restaba era beber.
Ahí tenéis la prueba. Millán bebiendo una cerveza a las 10 de la mañana.
De ahí hasta el pueblo donde nos ibamos a quedar, había que ir en barco. El recorrido, espectacular. Aunque, admito, no teníamos nuestro mejor día ni el mejor espiritú para disfrutarlo. Cada poco decíamos, "imagina esto con sol".
Al llegar al pueblo, otra vez empapados, nos enteramos que el camping que buscábamos no era allí sino a otros 5km por una carretera de barro. En serio?
Pedaleamos bajo la lluvia imaginando que pronto llegaríamos a un sitio calentito y todo mejoraría... Pero no. Porque al llegar al camping... Bueno, eso no era un camping. Era una granja cutre y sucia y allí, entre palleiro y palleiro, tenían un pequeño césped mojado donde nos dejaban poner la tienda... Y cobraban por ello!
Uf. Vaya bajón!
Pero seguía lloviendo y no queríamos continuar rodando. Así que no nos quedó otra. Solos en el "camping", con un mal humor que aumentaba a cada segundo, montamos la tienda bajo la lluvia.
Se acercaba la hora de comer y con el frio que hacía lo último que me apetecía era un bocadillo. Llevaba todo el día diciendo que para calentarme iba a preparar noodles para la comida. Y esa idea me alegraba un poco el espiritú.
Una vez instalados, me puse a ello. Herví el agua en nuestro súper hornillo, eché los noodles. Me calenté un poco con el calor que desprendía el agua... Todo iba bien y yo empezaba a sonreir hasta que fui a sacar la olla del fuego, algo se desestabiliza y PUM. El hornillo se cae y vierte el alcohol que tiene dentro en la mesa de madera del comedor.
Imaginad la escena.
Yo, con frio, mojada, de mal humor y mal cuerpo, con mi olla de noodles ya hechos en la mano y en la mesa, un pequeño incendio con una parte de la estructura de madera empezando a arder. Miro a Millán, desesperada.
"Mi, qué hago?", le pregunto, bloqueada.
"Tira los noodles", me contesta rapido.
"Los noodles???"..... Mi cara en ese momento tuvo que haber sido un poema. Entre el shock, la pena y el miedo.
Y así fue como, en ese día tan maravilloso, acabé vertiendo mi cazo de comida caliente al suelo y usando el recipiente para apagar el incendio (haciendo un vacío).
Y vosotros decís: por qué no echastéis los noodles en el plato y no en el suelo? Pues porque no tenemos platos!!!
Eso. Mejor no darle más vueltas. Era la única solución y lo único que podíamos haber hecho para evitar que la granja acabase en llamas.
Yo terminé comiendo pan con mantequilla mientras miraba (inconsolable) mis noodles en el suelo y tiritaba de frio con la ropa empapada
Vaya día.
PLAN DÍA 16
LO PEOR
El frio, y la lluvia pero principalmente el hecho de no tener ropa adecuada para ese tiempo.
LO MEJOR (sí, el día tuvo una parte buena!!)
Acabamos cenando en un Biergarten ESPECTACULAR. Calentito, cerveza rica, salchichas con chucrut, prezel crujiente. Tan rico, que hasta repetimos.



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