El primer fallo que cometí fue la hora a la que salí de casa: 12.30. Demasiado calor para todo el esfuerzo que tuve que hacer. Y digo esfuerzo porque la ida fue un constante desafío mental. Por mi cabeza, y durante casi 2 horas, pasaban frases como: "Pero a quien se le ocurre? Qué te crees, la super mujer? Si en Alemania va a ser así, me doy de baja, Por qué no miré antes de salir de casa la pendiente de esta ruta?"
Me dio tiempo para pensar en todo eso y también para recordar la importancia del trabajo mental. Así, cuando me invadían los pensamientos negativos, repetía para mi misma "a la vuelta será todo cuesta abajo". Iba concentrada en esta guerra de pensamientos cuando leí: Mera, 3km. Miré hacia delante y ahí estaba ella, una cuesta gigante que me llevaría a mi destino. La empecé a bajar con una sonrisa y la acabé con una arruga más de preocupación en la frente: "Cómo haré para subir esto luego?"
La pregunta me aconpañó durante todo el día de playa a la que se sumaron las propuestas de los colegas para poner la bici en el coche y llevarme sana y salva a mi casa. Pero yo resisti.
Monté en la bici, superé la cuesta de 3km y empecé a disfrutar del viaje cuesta a abajo, cuando, a mitad de la ruta me empezaron a fallar las piernas. Vamos, que me había quedado sin fuerzas.
Yo, novata e inexperta, no tenía ni una barrita de cereales ni unos frutos secos en las alforjas para reponer fuerzas, así que la solución fue comprar un chocolate (para la energía) y una bolsa de gominolas (para hacerme feliz!).
45km después llegué a casa tan cansada que a las 22h me fui a la cama ;)
Yo, novata e inexperta, no tenía ni una barrita de cereales ni unos frutos secos en las alforjas para reponer fuerzas, así que la solución fue comprar un chocolate (para la energía) y una bolsa de gominolas (para hacerme feliz!).
45km después llegué a casa tan cansada que a las 22h me fui a la cama ;)


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