Hemos cronometrado el tiempo. Desmontar la tienda y reorganizar todo en las alforjas nos ha llevado 30 min. Bien!
Y hemos cronometrado también el camino de vuelta. Hicimos los 25km que separan A Illa de Catoira en 1h45. Bien otra vez!
¿Y qué tal las cuestas?, nos preguntáis. Y yo os contesto con la sabiduría de una ciclista en potencia: las cuestas son psicológicas y son siempre más fáciles de lo parecen. Ayuda el hecho de dominar las marchas e ir dosificándolas para que cada poco tengas una sensación de alivio, ayuda la automotivación: "venga, que ya no queda nada, que esto ya se acaba aquí" y ayuda también pensar que empujar la bici es casi más duro que hacerlo subido en ella. Cuando me empiezan quemar las piernas y ya he verificado unas 450 veces que estoy en la marcha más floja, primero digo internamente todos los insultos que conozco (en varios idiomas) y luego me concentro en pequeños objetivos: "solo hasta aquél contenedor", "venga, un poco más, hasta el semáforo", and so on. Al acabar, esto es como parir, nunca de acuerdas de los malos momentos.
La conclusión es que el recorrido (tanto ida como vuelta) es "peanuts" y altamente recomendable.
¡Qué vengan muchos más!
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