Este fin de semana hemos estado en el paraíso. Allí, nuestra tienda de campaña ultra ligera es como un hotel 5 estrellas con vistas a la ría. El hornillo hecho con la lata de refresco sirve para calentar el té mañanero y en el chiringuito a pie de playa la cerveza solo cuesta 1,50. Mucho nos habían hablado de la puesta del sol del faro. Así que al final del día cogimos la bici en dirección a la puesta del sol y nos sorprendimos. En A Illa hay un carril que da la vuelta a la isla completa: del parque natural al faro y volver (15 km) . Siempre cerca del mar y siempre lejos de la carretera. ¡Un lujo!
Este es trozo que hicimos, aunque nos dijeron que también hay carril bici del otro lado de la isla.
En el faro nos encontramos con una fiesta de “desconcierto en la playa”. Había cerveza, buen ambiente y una puesta de sol impresionante. Aunque después de hacer tanto ejercicio, necesitábamos comida de verdad. Elegimos el bar/restaurante con más isleños y menos turistas: A Salga. Allí, con vistas al puerto, después de que pidiéramos 3 tapas, nos avisaron: las raciones son muy grandes. Efectivamente. Grandes y de verdad. Calamares frescos, pimientos padrón y pinchos moruno hechos “con cariño”.
Para hacer la digestión ¡un paseo nocturno el bici! Aunque en este caso lo malo fue llegar: nos encontramos con un camping con muchos niños y mucho ruido nocturno para el plan relax que buscábamos.
Superada la noche, y después después de 10 horas de sueño, nos despertamos el domingo con solo una idea en mente: "el camino de vuelta es todo cuesta arriba". Miedo.
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