Esta sábado nuestra familia acabó en el hospital y la culpa fue de Fina, la bici.
Todo empezó cuando compramos el transportín: búsquedas en internet, comparaciones precio-calidad y, decidido. Venga, lo pedimos y listo.
Pero no, no fue así.
Pero no, no fue así.
Nos ponemos a montarlo y dice Millán: "hay algo raro con estas tuercas. Tienen una gomita que no deja enroscar". Hmmm.
Lo buscámos en internet (muestra máxima: si tienes algún problema seguro que alguien lo tuvo antes), pero nada. Nunca a nadie le habia pasado que le mandasen el transportin con las tuercas equivocadas. Eso sí que es un drama.
"Lo devolvemos", sentencio. Pero él, que es más paciente, sugirió que fueramos antes a la ferrería. Llegamos allí con nuestra tuerca demoníacas y el señor nos mira con cara de pena: no, no se habían equivocado en la fábrica. Son tuercas reforzadas y, por lo tanto, más difíciles de apretar. Solo nos hacía falta alguna herramienta más y fuerza.
Volvimos a casa (un poco humillados) y pusimos en marcha nuestro segundo intento de montar el dichoso transportín.
Volvimos a casa (un poco humillados) y pusimos en marcha nuestro segundo intento de montar el dichoso transportín.
Pero tampoco.
El problema ahora ya no era la tuerca sino en propio tornillo: era demasiado grande para su agujero. Drama, drama, drama. "Lo devolvemos", sentencio. Pero él, que es más paciente, sugirió que yo volviera a la ferrería. Cuando llegué con la bici el señor ya me miró con cara de "ahí está otra vez la pringada" y cuando le enseñé mi problema me dijo: "yo no tengo ningún tornillo que te sirva, lo mejor es que vayas a la tornillería" (¿en serío que hay de eso en Coruña?).
Allá fui. El dueño de la tienda miró, pensó, probó y sentenció: "Devuélvela". Ahora ya no hablando del transportín, sino de mi querida Fina (la bici).
Así que planazo de sábado por la mañana: Familia y Fina al hospital de las bicis. Ella ya había pasado por 3 manos diferentes además de las nuestras y a todos nuestro problema le había parecido gravísimo.
A todos, menos a ellos.
Les contamos nuestro drama: "los tornillos no caben en este agujero", pusimos un semblante serio, caras preocupadas de quien tiene un ente querido enfermo.
Cogen a la bici, la ponen en la mesa de operaciones y voilá, primer tornillo dentro. Pero, pero, pero... ¿Cómo lo hizo?, pregunto. Y el señor contesta, mirándome con cara de "eres una pringada": "Nada, solo hace falta apretar el tornillo normalmente".
... Y esa es la historia de como acabamos un sábado en el hospital. Y de como Fina (después de varios momentos de humillación colectiva) ganó un nuevo transportín.
El problema ahora ya no era la tuerca sino en propio tornillo: era demasiado grande para su agujero. Drama, drama, drama. "Lo devolvemos", sentencio. Pero él, que es más paciente, sugirió que yo volviera a la ferrería. Cuando llegué con la bici el señor ya me miró con cara de "ahí está otra vez la pringada" y cuando le enseñé mi problema me dijo: "yo no tengo ningún tornillo que te sirva, lo mejor es que vayas a la tornillería" (¿en serío que hay de eso en Coruña?).
Allá fui. El dueño de la tienda miró, pensó, probó y sentenció: "Devuélvela". Ahora ya no hablando del transportín, sino de mi querida Fina (la bici).
Así que planazo de sábado por la mañana: Familia y Fina al hospital de las bicis. Ella ya había pasado por 3 manos diferentes además de las nuestras y a todos nuestro problema le había parecido gravísimo.
A todos, menos a ellos.
Les contamos nuestro drama: "los tornillos no caben en este agujero", pusimos un semblante serio, caras preocupadas de quien tiene un ente querido enfermo.
Cogen a la bici, la ponen en la mesa de operaciones y voilá, primer tornillo dentro. Pero, pero, pero... ¿Cómo lo hizo?, pregunto. Y el señor contesta, mirándome con cara de "eres una pringada": "Nada, solo hace falta apretar el tornillo normalmente".
... Y esa es la historia de como acabamos un sábado en el hospital. Y de como Fina (después de varios momentos de humillación colectiva) ganó un nuevo transportín.


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