Dia 3 - Los 11% del demo


Lo teniamos más que planificado: la única subida de la Selva Negra la haríamos en tren, solo pedalaríamos cuesta abajo y disfrutando de las vistas. Serían 3 días de relax y de acostumbrar el cuerpo a la nueva rutina. 
Pero la jugada no nos podía haber salido peor.
Al llegar a Friburgo fuimos a pedir información sobre la ruta y nos dieron la noticia que cambió la cara amable de nuestras vacaciones: ese tramo de tren estaba en obras y no estaba operativo.
WTF???
Nos explicaron que solo nos quedaban 2 alternativas: subir ese trozo en bici ("son solo 20km") o contactar un taxi que nos llevase hasta el punto más alto (45 euros).
Barajamos todo (hasta dejar de hacer la Selva Negra) pero finalmente decidimos que eramos jóvenes y estábamos en forma, que no podía ser tan dificil y que si no lo hicieramos nos arrepentiríamos: era solo un 11% de pendiente.
En serio. No os dejéis engañar. Si algun día os proponen hacer en bici una subida de 11%... Escaparos antes deque sea tarde!
Porque esta es la historia de uno de los días más frustrantes de mi vida
Cuando llegamos a la montaña y miramos hacia arriba dijimos: "no... Seguro que no hay que subir hasta allí". Y empezamos. Optimistas. Marcha ligera, calma y concentración. Creo que hasta canté alguna canción motivante. Pero me callé enseguida. Duré 1 minuto encima de la bici. Unos pocos metros y ya no podía respirar. Paré para beber agua. Millán también paró. Será siempre así?, nos preguntamos. "Na, seguro que ahora acaba la cuesta".  Volvimos a montarnos en la bici hasta la siguiente curva. Otro minuto. Volví a bajarme. Comi unos frutos secos, mi corazón estaba muy acelerado, mis musculos empezaban a doler como si se quemasen por dentro. Tercer intento: duré unos 30 segundos montada en la bici. En ese momento la frustración pudo conmigo. Tiré la bici al suelo y al bajarme mis piernas temblaban tanto que me tuve que sentar. El corazón me salía por la boca, mis piernas no respondían y solo habia hecho unos pocos metros de los 20km que nos quedaban. Ahí fue cuando, con lágrimas en los ojos, dije la frase que me prometi que no iba a pronunciar en estas vacaciones: "Mi, no voy a poder".
Millán, viendome llorar de frustración en medio de la montaña, contestó: "sí que puedes. Vamos a empujar las bicis".
Cogió una de mis alforjas y empezó a empujar su bici cuesta arriba. Yo lo imité, mas por instinto que por otra cosa. Seguía llorando. Empujamos, empujamos y empujamos. Horas. Muchos kilómetros y esa cuesta del demonio que no acababa nunca. En la primera hora hicimos unos 3 kilómetros y la cosa no pintaba nada bien. Parecía que podíamos subir eternamente. En esas horas practicamente no hablamos. El cuerpo actuó por instinto. 
Paramos para comer, casi en silencio, y seguimos. Hasta que de repente escucho a Millán gritar. Acelero (todo lo que se puede acelerar en esas condiciones) y, sí, era una cuesta abajo. No puedo explicar la satisfacción de esos 5km cuesta abajo después de todo un día empujado una bicicleta. Supongo que ese sea el gusanillo que engancha en el deporte. Esa satisfacción de "haberte ganado" esa bajada. 
Y lo mejor fue el destino: el lago Titisee. Un camping en la orilla de un lago precioso. Una tarde de lectura y disfrutar del cansacio físico. 
No hace falta decir que a las 21.30 ya estábamos dormidos. Al día siguiente el despertador volvía a sonar a las 7h. Y ese sería (o eso creíamos) un día light. ILUSOS. 


PLAN DÍA 3 
Kirchzarten - Titisee

LO MEJOR 
El camping del lago Titisee. Impressionante. 

LO PEOR 
La subida del demo
El pueblo de Titisee. Hiper turistico. Ojo, el pueblo "cierra" a las 19h. Si llegas después de esa hora no encuentras ni restaurantes abiertos.







2 comentarios:

  1. Pues yo creo que lo mejor del día ha sido el reto de subir, eso nos os lo quitará nadie...

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  2. Ánimo chicos!!!! podéis con esto y más jejeje

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