Empecemos por el titular: hoy hemos hecho 60 kilómetros en bici. Se-sen-ta. Cargando con dos niños de casi 20 kilos cada uno.
Cómo nos hemos metido en eso? La respuesta es compleja, pero incluye altas dosis de ingenuidad, perseverancia y poca planificación.
El "combinado" de este viaje es que rodaríamos 3-4 horas al día. Y según google maps este día era "de los duros". Supestamente 50 kilómetros que supuestamente haríamos en 4 horas.
#not
Arrancamos en día contentos, animados y con una equivocación al salir de Regensburg que nos hizo perder "una media horita". Pero pronto notamos que las "mediahoritas" en esta Kids Edition se hacían largas, cansadas y calurosas.
Tiramos un par de horas, paramos para comer y entonces pensábamos que estábamos a mitad del camino y le dije a Millán: "buf, yo aguanto una hora más como máximo" SPOILER: pedalee no una hora más, sino c-u-a-t-r-o horas más.
#ingenua
Claro que llegó un momento en medio de estas 6 horas pedaleando en el que nos vinimos abajo. Estábamos sobornando a los niños con gominolas para que "aguantasen solo un poquito más", teníamos calor, cansancio y nos habíamos quedado sin agua. Empezamos a llamar a hoteles cerca. Todos completos.
"Nos quedan dos horas. Tenemos que tirar", dijo Millán. Mi cara era de desesperación. Y fue entonces cuando Lucas, ya cansado de pasar calor en el carro, dijo: "Mamãe eu quero ir na bici com você". Los niños y su capacidad para sorprendernos y cambiar totalmente el ambiente. Él se subió por primera vez a nuestro tándem y nos dio una inyección importante de energía. Propuso juegos, carreras, cantó, habló de todo y de nada y, contra todo pronóstico salvó el día y pedaleó durante dos horas enteras. ¡Un campeón!
¿Pero pensabais que la historia acababa aquí? Ja-ja. Por supuesto que no.
En los últimos larguiiiisimos 5 kilómetros hasta llegar al camping, Millán dijo: "tenemos que acelerar, se acerca una tormenta".
Llegamos al camping con truenos al fondo y, justo cuando aparcamos las bicis empezaron a caer las primeras gotas. En un minuto esas primeras gotas se transformaron en el diluvio universal. La tienda estaba a medio montar, pero no había otro sitio donde protegerse y nos metimos. Pero, claro, empezó a gotear dentro y Millán dijo: "Tengo salir, necesito montar bien la tienda o esto se va a llenar de agua". Y lo contesté: "vale, pero desnúdate".
Millán se quitó los zapatos, la camiseta y bajo el diluvio del siglo arregló nuestra tienda. Mientras yo, dentro, inventaba juegos e historias para entretener a los niños que tenían cara de susto. Media hora después la lluvia paró, salió el sol y yo abrí la tienda para hacer un "evaluación de pérdidas". Al salir, veo que nuestros vecinos ya estaban fuera tan tranquilos con sus sillas tomándose un café y leyendo su libro. Alemanes... Qué cracks.
Nosotros con dos niños pasados de vueltas, mitad de nuestras cosas empapadas (incluido el kindle de los libros de lucas!!) y caras desencajadas.
Y aún faltaba duchas, cena, super... El día eterno.
"A ver niños, os gustó el día de hoy?"
"Siiiiiiii, muchoooo"
"Que bien!, Qué fue lo que más os gustó?"
"Hmmmm.. Las gominolas!"
Pues eso. =/
Lo mejor: la sensación de "superación" que te queda después de un día así.
Lo peor: El cansancio físico y mental. Sentir que tu cuerpo no puede más, tu cabeza que también te dice que no puedes más y, aun así, sacar fuerzas de no-se-donde para contrariar todos tus instintos y seguir.

Mais um dia👏👏👏👏 Força❤️
ResponderEliminarVaya aventura que recordarán siempre con cariño los cuatro. Especialmente Lucas, que salvó el día 👏👏👏👏👏🥰
ResponderEliminar👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
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