El día empezó con una nube rondando nuestras cabezas. Las 3 cajas estaban cerradas, todo nuestro equipaje empaquetado y "supuestamente" el servicio de recogida estaba contratado. Millán se encargó de esa parte del viaje y cada vez que le preguntaba él contestaba con esa palabra: "supuestamente". Jaja. No transmitía mucha confianza.
Como la "supuesta" recogida era de 12h a 18h, teníamos la mañana libre. Fuimos a pasear por el centro de Bratislava y a las 12 en punto dijo Millán: Bueno, voy para la recepción del hotel. Ese era "el plan": estar de 12h a 18h sentado en la puerta del hotel para no perder al señor de Fedex.
Dos horas después bajé con los niños para "ver a papá" y lo encontramos solo,ñ sentado en un banco estratégico en la calle justo delante del hotel. Tenía cara de agobio. Entonces me senté a su lado y le dije: "a ver, enséñame la info que tienes sobre el envío". Cuándo empezó a enseñarme me arrepentí de haber preguntado. Resulta que si buscabas por el código de envío en la app, daba error. Entrando en nuestra cuenta de Fedex, no salía ningún envío programado. "Pero has pagado?" No, aún no. "Pero tienes un correo de Fedex?" Solo con el código de seguimiento que no funciona. "Llamaste a Fedex?" Sí, sale una atención automática que dice que no reconoce nuestro número de seguimiento. Todo pintaba mal. Muy mal. No quise hacer más preguntas ni poner a Millán más nervioso, así que decidí llevar a los niños y a mi ahora gran preocupación al McDonald's. Pedimos las hamburguesas y mientras los niños comían yo proyectaba el peor escenario posible y cómo lo solucionaríamos el lío porque ahora estaba segura de que el señor no aparecería.
Pero, de repente, mientras yo estaba en mi nube de negatividad, Lucas grita: "Papaaaaa"
Yo miro y por la puerta del restaurante aparece Millán, el héroe del día, todo rojo y con una cara de felicidad ABSOLUTA.
"Ya esta! Ya estáaaaa", dice. Y empezamos los dos a gritar y abrazarnos en pleno McDonald's. Los niños no entendieron nada, pero también gritaban y aplaudían.
"Cuenta, cuenta cómo fue", dije.
Parece ser que fue todo muy rápido. De repente aparcó en la calle una furgoneta enorme de Fedex. El corazón de Millán aceleró, él se acercó con la hoja de envío y el señor (que no hablaba inglés) dijo que sí, que venía a recoger esas cajas. Subieron las 3 cajas de 30 kilos entre los dos y las pusieron en la furgoneta, el señor le firmó el papel, le dijo "super" y se fue. Pim pam.
Increíble.
La tarde la pasamos tomando helados y limonada en el parque de la ciudad, mientras los niños jugaban y nosotros hablábamos de lo increíble que había sido que el señor hubiese aparecido y la suerte que tuvimos que hubiese venido pronto: "a esta hora aún estaría sentado en el banco esperando" decía Millán mientras se tomaba su helado de fresa.
Las bicis ya están de camino pero a nosotros aún nos quedan algunos días de turisteo y el "ya tradicional" balance del viaje.

Viva👏👏👏 Deu tudo certo😁
ResponderEliminarFora o ar condicionado, o capítulo BiciBratislava desse blog está sendo um êxito!
ResponderEliminarDisfrutar e bom regresso família
ResponderEliminar🙌🙌🙌
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