Cruji es una humilde bici que se las da de importante por ser de la marca Trek. Llegó a mi después de muchos paseos de tienda en tienda a la caza de alguna ganga de segunda mano. Ignoro quién fue su anterior dueño o el uso que le dio. Durante dos años cargué con ella al hombro hasta un cuarto piso. La marca de sus ruedas en las paredes de ese edificio y la de su cuadro en mi hombro permanecerán por años. Cada noche me recibía en el pasillo de casa al volver del trabajo.
No destaca en nada, sus componentes no son los mejores y es un poco pesada. Difícilmente la encontrarás reseñada en foros y siempre te dirán que por un poco más tendrás algo mejor. Tiene el freno delantero roto desde hace meses y lleva tiempo dando síntomas de fatiga con sus crujidillos. Pero nunca me ha fallado ni me ha dejado tirado. Se ha adaptado a todo lo que le he pedido, desde un triatlón rodeado de hermosos velocípedos hasta un frío camino de Santiago atravesando Castilla desvencijada. Le han caído chaparrones, se ha llenado de barro y ha pasado más tiempo del recomendable sin limpiarse bien. Ahora descansa en el trastero sin interrumpir el paso.
En su sencillez es lo más parecido a un can de palleiro que se pueda tener en la ciudad. Imposible no encariñarse con ella


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